Evolución del uso de energía y la búsqueda de la eficiencia energética en el transporte

Objetivo

El artículo pretende ofrecer al lector un panorama general de la evolución de la eficiencia energética en el transporte en nuestro país, enfatizando las actividades más efectivas para producir ahorros de energía, así como reflexionar sobre las tecnologías más relevantes en el mediano y largo plazo.

Antecedentes

SIGNIFICADO DEL TRANSPORTE

La importancia del transporte estriba en el acompañamiento que ha ofrecido a las actividades de los individuos y de la sociedad civil a lo largo de muchos años. Las personas, antes de la llegada del automóvil, no se alejaban de sus hogares más allá de 5 kilómetros, los recorridos eran a pie. Actualmente, en algunas ciudades, las distancias se cubren en tiempos récord debido al uso de trenes eléctricos, por ejemplo. Sin embargo, la necesidad de transportar personas o bienes de consumo se ha ampliado a tal grado que, en algunos casos, el tiempo y esfuerzo que se dedica a ello determinan en gran parte la vida de las personas. Es una actividad humana con una gran dinámica y con alta complejidad.

TECNOLOGÍAS DE PROPULSIÓN PARA LA TRANSPORTACIÓN

 El transporte siempre ha estado vinculado a la tecnología; por ello, la aparición de la patente, en 1888,
del Motorwagen de Karl Benz en Alemania, tiene un significado especial. El motor de combustión interna
reciprocante permeó en la sociedad y, a la fecha, existen más de 200 vehículos por cada 1,000 habitantes
circulando en el mundo.
En los inicios del desarrollo de los vehículos automotores, se experimentaron distintas tecnologías de
propulsión, incluyendo la eléctrica, pero también el vapor o combustibles no tan convencionales como el
carbón y más adelante, el gas natural.

                                                                Las tecnologías nacientes

La participación de Henry Ford fue un parteaguas en la industria, al potenciar el uso y la diseminación del automóvil, estableciendo así una larga historia del uso del vehículo de gasolina. A la fecha, se cuenta con una amplia gama de tecnologías vehiculares, las convencionales y, por supuesto, las que ocuparán un lugar relevante a mediano y largo plazo, como el auto y el autobús eléctricos, así como el híbrido eléctrico e híbrido conectable. Pero, además, en los próximos 30 años la gasolina y el diésel convivirán también con varias tecnologías: bicombustible gasolina+diésel, hidrógeno, gas natural, biogás, biocombustibles (etanol y biodiésel), gas natural artificial y combustibles sintéticos líquidos.

Las tendencias tecnológicas mundiales en la industria automotriz, impulsadas por las políticas de los gobiernos, que responden a los compromisos de las iniciativas internacionales para combatir el Cambio Climático, son dirigidas en las siguientes acciones:

1. Tecnología del vehículo: Mejorar el desempeño de los automóviles y camionetas para
reducir el promedio de las emisiones de CO2.

2. Combustibles alternativos: Apoyar la producción de combustibles sustentables y la
infraestructura requerida para su suministro.

3. Comportamiento del conductor: Educar a los conductores en las técnicas para reducción
del consumo de combustible y las emisiones de CO2, las cuales pueden también mejorar
la seguridad en las calles y autopistas.

4. Medidas relacionadas con la infraestructura: Mejorar el flujo de tráfico y evitar la
congestión que resulta en una situación antieconómica para todos.

5. Impuestos al CO2: Influir en la elección del consumidor para producir un comportamiento
en el manejo y en la toma de decisiones por emisiones más bajas de CO2.

Consumo de energía y transporte en México

BALANCE DE ENERGÍA

En el último Balance Nacional de Energía, publicado por la Secretaría de Energía en noviembre de 2017, se identifican cuatro sectores en el consumo de uso final energético total: agropecuario; industrial; residencial, comercial y público, y el transporte. Este último aparece como el más intensivo en el uso de energía, representando el 44% (Figura 1). Respecto al tipo de energético, las gasolinas participan con casi dos terceras partes y le sigue el diésel.

A pesar de que el parque vehicular es inmensamente mayor en unidades que utilizan gasolina, el uso intensivo del diésel por el autotransporte de pasajeros y carga, en donde predominan los viajes foráneos, eleva las cifras de consumo de diésel. Como se podrá apreciar, la utilización de la electricidad para el transporte en México es incipiente y apenas alcanza 0.2% de todo el sector. Las cifras muestran una clara vocación que México ha tenido por las gasolinas para el automóvil y el diésel para vehículos automotores medianos y pesados, a la par de lo hecho por nuestro país vecino, Estados Unidos.

En resumen, la energía en nuestro país dedicada al traslado de personas y sus bienes equivale a casi la mitad de la energía que se utiliza en su uso final energético, y es el subsector del autotransporte el que registra mayores consumos. En otras palabras, dirigimos un número muy importante de todo tipo de esfuerzos técnicos, financieros y, por supuesto, energéticos para hacer girar los neumáticos y mover a la población junto con sus pertenencias. La pregunta insoslayable es: ¿son esos valores los que deben ser o deberíamos tener participaciones menores en el uso de energía para el transporte, dando oportunidad a que otros sectores productivos la utilizaran para producir otros bienes y servicios para el país? En la Figura 2, destaca el monto del consumo de gasolinas y diésel con el 90% del consumo utilizado generalmente en el transporte. Aparecen reducidos valores para la electricidad con 0.2% de participación que prácticamente se deben a la existencia del Metro de la Ciudad de México y en menor escala, los correspondientes al Tren Eléctrico Urbano de Guadalajara y el Metro de Monterrey.

Los esfuerzos de la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (Conuee) se han concentrado en el autotransporte y aunque algunos trabajos se han llevado a cabo en otros modos de transporte, los mayores potenciales para la eficiencia energética se encuentran en los equipos identificados como grandes consumidores, ya sea por su número o por los intensos recorridos que se realizan con ellos.

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